Acabar con la piratería sigue siendo una intención
8, 19 de 2006-06-19 de 2006
Desde que fueron aprobadas las modificaciones al Código Penal y Procesal Penal, y a la Ley de Propiedad Intelectual, las autoridades advirtieron de decomisos masivos a los reproductores ilegales de música, películas y software. Sin embargo, muchos siguen vendiendo, algunos no le temen a la actividad y otros jamás han sido descubiertos.
Ese martes, al mediodía, apenas habían vendido una. Era una película animada, recordó Ronny, uno de los jóvenes, quienes en un principio cruzaban miradas antes de hablar de la venta para no cometer alguna indiscreción, incluso con sus nombres.
Estaban distraídos, como todos los vendedores de los demás puestos en las calles del centro de San Salvador. El partido entre Brasil y Croacia apenas comenzaba, y como parecía que iba a llover, los dos pensaron que no venderían más. Ronny se acomodó en el banco, junto con un amigo y entró en la euforia del juego. El otro, Alex, fue a cuidar el puesto de la par.
Ninguno tiene mucho tiempo vendiendo CD´s y DV´s “piratas”, y se muestran despreocupados por la nueva legislación. A Ronny, su madre le ha pedido que busque otro empleo. Ever, otro vendedor con puesto cercano al del joven, explica las motivaciones: “Ninguna otra mercadería me ofrece $10 diarios”
Hace seis meses, cuando Ronny y Alex comenzaron a trabajar, la Asamblea Legislativa aprobó una serie de reformas al Código Penal y Procesal Penal, así como a la Ley de Propiedad Intelectual, con el fin de armonizar la legislación nacional al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos que recién entraba en vigencia. Una vez aprobadas, el gobierno anunció una lucha contra la reproducción ilegal de material discográfico y de otros productos de marca, así como su decomiso.
Según las nuevas disposiciones, las penas recaerían sobre los reproductores. Los comerciantes en pequeño no incurren en delito, aclara el viceministro de Economía, Eduardo Ayala, quien también enfatiza que eso no quiere decir que los vendedores al por menor pueden seguirlo haciendo.
Pese a que los delitos de piratería ahora son perseguidos de oficio y cuentan con penas más largas para los que reproducen de manera ilegal material discográfico y audiovisual, la producción clandestina no merma.
A unos 250 metros de los puestos de Alex y Ronny, en el costado norte del Palacio Nacional, trabaja Ivan “Su puesto tiene los CD´s y los DVD´s con las carátulas más nítidas” comenta una mujer que se busca un CD de Emmanuel. Ivan es reproductor y distribuidor mayorista de los revendedores. Jamás lo han capturado y parece confiado de que no pasará. Los decomisos no le afligen, asegura.
Lleva más de un año vendiendo productos piratas, antes vendía camisetas, “de esas revolucionarias”, dice, pero ahora la demanda está en las películas.
En un principio cuenta que el día ha sido malo. Luego, aún con cautela, decide comentar que el día anterior lo compensa: logró vender $280 en mercadería; mientras que el sábado, pese a las fuertes lluvias, $300.
Iván reconoce que tiene una ventaja sobre sus otros compañeros, que venden los DVD´s a $1.50, pero sostiene que el negocio es el negocio, y que en el mercado todos son amigos y rivales al mismo tiempo.
Los más vendidos
“Las que más se venden son las de niños y las comedias”, dice Ronny. Luego, con el rostro sonrojado, agrega a la lista de las más vendidas las películas pornográficas, pero aclara que “esas están en otro puesto. Aquí no, a mi no me gustan esas cosas”.
Del otro lado, su compañero de ventas, Alex, intenta desmentirlo y comenta que quienes más acuden a comprar estas películas son los estudiantes y los hombres jóvenes, incluso mujeres.
“Algunas me preguntan qué cuáles películas son buenas, pero yo sólo le veo la carátula y medio les digo. Una de las más solicitadas es producción salvadoreña, se llama la ‘Pupusa Caliente’. Ahorita se nos ha terminado”, suelta el vendedor.
Alex recuerda escenas de la “Pupusa Caliente” y sin mayor pudor las cuenta, “con el respeto que se merecen, señoritas” dijo.
Aunque sin un estudio de mercadotecnia en la mano, Iván asegura que, aparte de la pornografía, los videos musicales son ahora de los más vendidos. “La gente ya no te va a pagar $1 por un CD que sólo tenga 12 canciones, porque ahora un DVD te trae 100 con todo y video”.
Pero Iván, ahora más confiado, revela otras estrategias de venta. Una de ellas, incluir en un mismo DVD tres películas: “Hay películas que no te podés arriesgar a copiarlas individualmente, porque no se venden, pero si se la ofrecés a la gente con otra, se la llevan”
Pasadas las tres de la tarde, dos oportunidades de venta se aparecieron de nuevo en el puesto, que por casi una hora, no ha tenido demanda, pese a que la lluvia había cesado. “Perdón, ¿Pelotón Tiburón’?”, preguntó un hombre que caminaba cerca del puesto. “No, te la debo” le respondió.
“A veces me vienen a pedir películas muy viejitas. Hace un rato vinieron a preguntar por una de Bruce Lee, una de las garras de un dragón”, dijo.
Mientras Alex arreglaba las cajas, una pareja se acercó al puesto, y preguntó por una de ellas. “¿A dólar verdad?”. “No, maestro”, le contestó. “Son a $1.50”. “Pero más allá las dan así”, le dijo el hombre con seriedad en el rostro. “Pero es que allí no te dan garantía, aquí si te sale mala te la cambiamos” argumentó. El regateo del hombre no sirvió, pero terminó comprándola. La tercera era la vencida.
Antes de que los clientes terminaran de irse, Alex renegaba de quienes vendían los discos a $1, y decía que estos eran quienes reproducían el material. De esta forma, podrían cargar con una pérdida de $0.50, pensó.
Así, ya entrada la tarde, mientras Alex y Ronny apenas habían vendido alrededor de cuatro películas, Iván tenía en su bolsillo $16, y aún no contaba lo que recibe de los revendedores a quienes surte.
“Lo que da dinero es la reproducción”
Ivan es distribuidor de aproximadamente 50 revendedores sólo en el centro capitalino. Cada mañana, alrededor de las 7:00, deja en consignación cierta cantidad y por la tarde pasa cobrando, pero enfatiza que “a aquellos clientes de confianza” les da crédito.
“A mi cada DVD o CD me sale a $0.48, yo se lo doy a los revendedores a $0.75, para que lo den a dólar”. “Generalmente”, señala,” cada revendedor me puede pedir entre 200 y 350 DVD´s y CD´s, y en un día de poca compra alrededor de 120”.
Iván está conciente de los riesgos que puede traerle dedicarse a la reproducción y distribución ilegal del material, pero asegura que por eso prefiere no meterse en desórdenes, pese a que está organizado en un movimiento de vendedores. Lo complicado para él es otro asunto: el proceso de reproducción.
“Hay que estar pendientes de las máquinas, -valoradas en $5 mil- hay que hacer turnos de, por ejemplo, las 2:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche para reproducir aproximadamente 700 discos. Y en un turno en la madrugada, de las 8:00 de la noche a las 6:00 de la mañana se sacan como 1 mil 500”.
Luego, se colocan los discos en las cajas, que ya tienen la carátula, y después de clasifican y se guardan.
Iván no duda en decir que su pequeño negocio es “pantalla”: “Lo que realmente da dinero es la reproducción” asegura con una sonrisa, y aclara que de otra forma no podría ganar lo suficiente para mantener a su familia, pues no cree en las alternativas propuestas por el ministerio de Economía en una mesa de negociación abierta a finales del año pasado, de la que él ya no sabe nada.
Ante lo que ellos consideran la desaparición de la mesa, el grupo en el que está organizado está tramando algo. No se trata de una protesta, “es algo más estratégico”, asegura. Esta semana piensan colocar en sus puestos hojas para recolectar firmas entre sus clientes, y presentarlas ante las autoridades.
Cuando ya caía la tarde, el flujo de personas se hizo más denso. Muchos que salían de sus trabajos se tomaban el tiempo de echar un vistazo en los puesto, son las horas en que los vendedores piratas pueden aprovechar y vender más, entre las 6:00 de la tarde y las 8:00 de la noche.
Iván aumenta el volumen del reggaetón. Del otro lado, Ronny ya se ha ido, pues tiene que estudiar, y otro cuida el puesto. Mientras, Alex y Ever continúan sentados esperando más clientes. Tienen que pagarle a su distribuidor más tarde.
Fuente: El faro
Ese martes, al mediodía, apenas habían vendido una. Era una película animada, recordó Ronny, uno de los jóvenes, quienes en un principio cruzaban miradas antes de hablar de la venta para no cometer alguna indiscreción, incluso con sus nombres.
Estaban distraídos, como todos los vendedores de los demás puestos en las calles del centro de San Salvador. El partido entre Brasil y Croacia apenas comenzaba, y como parecía que iba a llover, los dos pensaron que no venderían más. Ronny se acomodó en el banco, junto con un amigo y entró en la euforia del juego. El otro, Alex, fue a cuidar el puesto de la par.
Ninguno tiene mucho tiempo vendiendo CD´s y DV´s “piratas”, y se muestran despreocupados por la nueva legislación. A Ronny, su madre le ha pedido que busque otro empleo. Ever, otro vendedor con puesto cercano al del joven, explica las motivaciones: “Ninguna otra mercadería me ofrece $10 diarios”
Hace seis meses, cuando Ronny y Alex comenzaron a trabajar, la Asamblea Legislativa aprobó una serie de reformas al Código Penal y Procesal Penal, así como a la Ley de Propiedad Intelectual, con el fin de armonizar la legislación nacional al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos que recién entraba en vigencia. Una vez aprobadas, el gobierno anunció una lucha contra la reproducción ilegal de material discográfico y de otros productos de marca, así como su decomiso.
Según las nuevas disposiciones, las penas recaerían sobre los reproductores. Los comerciantes en pequeño no incurren en delito, aclara el viceministro de Economía, Eduardo Ayala, quien también enfatiza que eso no quiere decir que los vendedores al por menor pueden seguirlo haciendo.
Pese a que los delitos de piratería ahora son perseguidos de oficio y cuentan con penas más largas para los que reproducen de manera ilegal material discográfico y audiovisual, la producción clandestina no merma.
A unos 250 metros de los puestos de Alex y Ronny, en el costado norte del Palacio Nacional, trabaja Ivan “Su puesto tiene los CD´s y los DVD´s con las carátulas más nítidas” comenta una mujer que se busca un CD de Emmanuel. Ivan es reproductor y distribuidor mayorista de los revendedores. Jamás lo han capturado y parece confiado de que no pasará. Los decomisos no le afligen, asegura.
Lleva más de un año vendiendo productos piratas, antes vendía camisetas, “de esas revolucionarias”, dice, pero ahora la demanda está en las películas.
En un principio cuenta que el día ha sido malo. Luego, aún con cautela, decide comentar que el día anterior lo compensa: logró vender $280 en mercadería; mientras que el sábado, pese a las fuertes lluvias, $300.
Iván reconoce que tiene una ventaja sobre sus otros compañeros, que venden los DVD´s a $1.50, pero sostiene que el negocio es el negocio, y que en el mercado todos son amigos y rivales al mismo tiempo.
Los más vendidos
“Las que más se venden son las de niños y las comedias”, dice Ronny. Luego, con el rostro sonrojado, agrega a la lista de las más vendidas las películas pornográficas, pero aclara que “esas están en otro puesto. Aquí no, a mi no me gustan esas cosas”.
Del otro lado, su compañero de ventas, Alex, intenta desmentirlo y comenta que quienes más acuden a comprar estas películas son los estudiantes y los hombres jóvenes, incluso mujeres.
“Algunas me preguntan qué cuáles películas son buenas, pero yo sólo le veo la carátula y medio les digo. Una de las más solicitadas es producción salvadoreña, se llama la ‘Pupusa Caliente’. Ahorita se nos ha terminado”, suelta el vendedor.
Alex recuerda escenas de la “Pupusa Caliente” y sin mayor pudor las cuenta, “con el respeto que se merecen, señoritas” dijo.
Aunque sin un estudio de mercadotecnia en la mano, Iván asegura que, aparte de la pornografía, los videos musicales son ahora de los más vendidos. “La gente ya no te va a pagar $1 por un CD que sólo tenga 12 canciones, porque ahora un DVD te trae 100 con todo y video”.
Pero Iván, ahora más confiado, revela otras estrategias de venta. Una de ellas, incluir en un mismo DVD tres películas: “Hay películas que no te podés arriesgar a copiarlas individualmente, porque no se venden, pero si se la ofrecés a la gente con otra, se la llevan”
Pasadas las tres de la tarde, dos oportunidades de venta se aparecieron de nuevo en el puesto, que por casi una hora, no ha tenido demanda, pese a que la lluvia había cesado. “Perdón, ¿Pelotón Tiburón’?”, preguntó un hombre que caminaba cerca del puesto. “No, te la debo” le respondió.
“A veces me vienen a pedir películas muy viejitas. Hace un rato vinieron a preguntar por una de Bruce Lee, una de las garras de un dragón”, dijo.
Mientras Alex arreglaba las cajas, una pareja se acercó al puesto, y preguntó por una de ellas. “¿A dólar verdad?”. “No, maestro”, le contestó. “Son a $1.50”. “Pero más allá las dan así”, le dijo el hombre con seriedad en el rostro. “Pero es que allí no te dan garantía, aquí si te sale mala te la cambiamos” argumentó. El regateo del hombre no sirvió, pero terminó comprándola. La tercera era la vencida.
Antes de que los clientes terminaran de irse, Alex renegaba de quienes vendían los discos a $1, y decía que estos eran quienes reproducían el material. De esta forma, podrían cargar con una pérdida de $0.50, pensó.
Así, ya entrada la tarde, mientras Alex y Ronny apenas habían vendido alrededor de cuatro películas, Iván tenía en su bolsillo $16, y aún no contaba lo que recibe de los revendedores a quienes surte.
“Lo que da dinero es la reproducción”
Ivan es distribuidor de aproximadamente 50 revendedores sólo en el centro capitalino. Cada mañana, alrededor de las 7:00, deja en consignación cierta cantidad y por la tarde pasa cobrando, pero enfatiza que “a aquellos clientes de confianza” les da crédito.
“A mi cada DVD o CD me sale a $0.48, yo se lo doy a los revendedores a $0.75, para que lo den a dólar”. “Generalmente”, señala,” cada revendedor me puede pedir entre 200 y 350 DVD´s y CD´s, y en un día de poca compra alrededor de 120”.
Iván está conciente de los riesgos que puede traerle dedicarse a la reproducción y distribución ilegal del material, pero asegura que por eso prefiere no meterse en desórdenes, pese a que está organizado en un movimiento de vendedores. Lo complicado para él es otro asunto: el proceso de reproducción.
“Hay que estar pendientes de las máquinas, -valoradas en $5 mil- hay que hacer turnos de, por ejemplo, las 2:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche para reproducir aproximadamente 700 discos. Y en un turno en la madrugada, de las 8:00 de la noche a las 6:00 de la mañana se sacan como 1 mil 500”.
Luego, se colocan los discos en las cajas, que ya tienen la carátula, y después de clasifican y se guardan.
Iván no duda en decir que su pequeño negocio es “pantalla”: “Lo que realmente da dinero es la reproducción” asegura con una sonrisa, y aclara que de otra forma no podría ganar lo suficiente para mantener a su familia, pues no cree en las alternativas propuestas por el ministerio de Economía en una mesa de negociación abierta a finales del año pasado, de la que él ya no sabe nada.
Ante lo que ellos consideran la desaparición de la mesa, el grupo en el que está organizado está tramando algo. No se trata de una protesta, “es algo más estratégico”, asegura. Esta semana piensan colocar en sus puestos hojas para recolectar firmas entre sus clientes, y presentarlas ante las autoridades.
Cuando ya caía la tarde, el flujo de personas se hizo más denso. Muchos que salían de sus trabajos se tomaban el tiempo de echar un vistazo en los puesto, son las horas en que los vendedores piratas pueden aprovechar y vender más, entre las 6:00 de la tarde y las 8:00 de la noche.
Iván aumenta el volumen del reggaetón. Del otro lado, Ronny ya se ha ido, pues tiene que estudiar, y otro cuida el puesto. Mientras, Alex y Ever continúan sentados esperando más clientes. Tienen que pagarle a su distribuidor más tarde.
Fuente: El faro